La revolución digital también tiene sed
¿Qué estamos dispuestos a regar?
Isidora Rein
10/9/20254 min leer


La revolución digital también tiene sed: ¿qué estamos dispuestos a regar?
Por Isidora Rein
Hace un tiempo, se viralizó una tendencia que convertía fotos comunes en imágenes de fantasía estilo Ghibli usando inteligencia artificial. Bellísimo. Creativo. Inspirador. Pero también... invisible.
Invisible fue el recurso que se evaporó sin que lo notáramos: el agua. Se estima que por cada 5 imágenes generadas con IA, se pueden consumir hasta 17 litros de agua para enfriar los servidores que hacen posible esta magia digital. Y eso es solo la punta del iceberg.
Y entonces, surge la pregunta:
¿Qué estamos regando con esta sed tecnológica?
Soluciones reales y urgentes
No se trata de frenar la innovación ni de caer en el miedo digital. Se trata de redirigir el rumbo. De transformar el modelo, no de negarlo. Porque sí: ya existen soluciones técnicas, políticas y sociales que pueden reducir radicalmente este impacto.
💧 Tecnologías de enfriamiento líquido que reducen el uso de agua hasta en un 50%.
♻️ Reciclaje de aguas residuales tratadas en vez de usar agua potable.
❄️ Ubicación estratégica de centros en zonas frías o con fuentes renovables.
🧾 Transparencia y regulación del consumo hídrico en la industria tecnológica.
🌱 Y lo más importante: una ciudadanía consciente que exige, elige y co-crea.
Una mirada más cercana: Chile y América Latina
Y aunque estas soluciones existen, lo más urgente es entender que no estamos hablando solo del futuro: Esto ya está ocurriendo, aquí, en nuestro propio territorio.
En Chile ya existen más de 40 centros de datos operando, incluyendo gigantes como Google y Microsoft, que han instalado sus infraestructuras en Santiago. Algunos de estos proyectos han sido cuestionados por su alto consumo de agua, e incluso un tribunal ambiental solicitó la revisión del impacto de uno de ellos sobre el acuífero central de la Región Metropolitana. Se estima que, de mantenerse el ritmo actual, los data centers podrían consumir más de 1.200 millones de litros de agua al año para 2030.
Y no es solo Chile. Brasil, México y Colombia también concentran inversiones millonarias en infraestructura digital, muchas veces en zonas afectadas por sequías.
En Latinoamérica, donde la desigualdad en el acceso al agua ya es una realidad, la expansión tecnológica sin regulación consciente puede agravar tensiones territoriales. Por eso es tan urgente que esta conversación no quede solo en el Norte Global. Es aquí, en nuestro propio territorio, donde también debemos hacer preguntas más profundas sobre el tipo de tecnología que estamos dispuestos a sostener —y a qué costo.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Porque hemos avanzado en velocidad, pero no siempre en consciencia. Hemos creado máquinas que predicen palabras, imágenes y sonidos… pero no siempre nos hemos preguntado para qué.
Mi relación con la tecnología
Yo amo la tecnología. La uso cada día. Me fascina su potencial para conectarnos, para aprender, para crear. De hecho, esta reflexión no existiría sin ella. Pero amar algo no significa usarlo sin conciencia. Por eso, me hago preguntas. Y por eso comparto esta inquietud: ¿Podemos usar la inteligencia artificial sin secar la vida real?
Horizonte Elemental y los IDGs como brújula interior
Desde Horizonte Elemental, creemos que el liderazgo regenerativo comienza con preguntas incómodas. Con mirar lo que no se ve. Con preguntarnos no solo si algo es posible, sino si es deseable, justo, y coherente con la vida.
Ahí es donde los Inner Development Goals (IDGs) se vuelven fundamentales. Este marco, en el que nos inspiramos y que promueve el desarrollo de habilidades internas para liderar transformaciones sostenibles, nos ofrece una brújula ética para navegar en este mundo cada vez más complejo y tecnológico.
Cinco dimensiones para repensar nuestra huella digital
En lugar de decirte qué hacer, quiero invitarte a preguntarte desde dentro, desde las cinco dimensiones del marco IDG. Aquí te comparto preguntas que me he hecho y que quizás también resuenen contigo:
💠 SER – ¿Desde dónde estoy usando esta tecnología?
¿Estoy conectada conmigo y con la naturaleza al decidir qué es lo que consumo?
¿Desde qué emoción me relaciono con el uso de estas herramientas?
💠 PENSAR – ¿Qué sistemas invisibles están en juego?
¿Comprendo cómo interactúan el agua, la energía, el calor y el código?
¿Estoy viendo la imagen completa o solo el resultado final?
💠 RELACIONAR – ¿A quién afecta lo que hago en línea
¿Siento empatía por las comunidades donde se instalan los data centers?
¿Estoy dispuesta a escuchar el dolor ajeno detrás de mis decisiones digitales?
💠 COLABORAR – ¿Estoy dispuesta a co-crear soluciones?
¿Podemos imaginar tecnologías que regeneren en lugar de consumir?
¿Cómo se ve una comunidad global comprometida con la sostenibilidad digital?
💠 ACTUAR – ¿Qué haré con esta información?
¿Me atrevo a hablar de esto en mis círculos, aunque incomode?
¿Puedo ser parte del cambio desde mis elecciones cotidianas?
A la comunidad IDG y más allá…
A quienes caminamos el sendero del desarrollo interior: ¿Estamos incluyendo la sostenibilidad planetaria en nuestras conversaciones sobre liderazgo e innovación? ¿Podemos usar la tecnología con empatía, integridad y propósito regenerativo?
Porque la inteligencia más poderosa no es la artificial: es la que cultivamos desde dentro y ponemos al servicio del bien común.
Te leo. Te invito.
Si estas preguntas te incomodan, estás viva. Si te movilizan, estás lista. Y si te inspiran… hablemos.
